Varices pélvicas o síndrome de congestión pélvica

Agosto 2017


Las varices pélvicas o síndrome de congestión pélvica es una enfermedad compleja, mal diagnosticada y poco conocida que afecta hasta un 10 % de las mujeres. No se conocen bien sus causas aunque se han aducido razones mecánicas y hormonales.
La falta de válvulas en algunos sectores venosos favorecería la ectasia de la sangre venosa produciendo las dilataciones venosas en la pelvis.

Los síntomas más frecuentes


El síndrome de congestión pelviana se caracteriza por dolor en el abdomen bajo (pelvis) de más de 6 meses de duración y en el que se han descartado otras causas de origen digestivo o ginecológico. El dolor pelviano aumenta estando de pie. Otros síntomas que pueden aparecer de forma inconstante son: el dolor en el coito, el dolor lumbar, pesadez constante en el bajo vientre que se incrementa con la menstruación, ganas constantes de ir al baño, etc.
El dolor es de intensidad variable y hace consultar a la paciente a diversos especialistas (digestólogos, ginecólogos, etc.). En ocasiones por la dificultad en el diagnóstico, estas pacientes han llegado a consultar con el psiquiatra por pensar en un dolor de tipo psicosomático.
  • El dolor abdominal bajo es irregular e inconstante, aumenta con la menstruación, con el cansancio a lo largo del día y con la postura de bipedestación
  • Puede ir asociado a dolor y ligero edema de las piernas, relacionadas o no con varices en esta localización
  • Dolor al realizar el coito que puede incluso a crear ansiedad y rechazo
  • Irritación de la vejiga urinaria que incrementa las ganas de orinar y pueden aparecer infecciones urinarias de repetición
  • Pueden aparecer varicosidades en uno o en ambos lados de la vulva que se pueden extender medialmente hacia la cara interna del muslo
  • Varicosidades en las nalgas o región posterior alta del muslo

Con frecuencia se asocia a varices en las piernas


Este síndrome se asocia frecuentemente con varices en las extremidades inferiores. A veces este dato es el que conduce al diagnóstico del síndrome de congestión pélvica. En ambos casos las válvulas venosas que normalmente hacen que la sangre suba al corazón están debilitadas y no funcionan bien, por lo que la sangre se acumula en la vena, causando presión y dilatación venosa.

¿Es frecuente?


Las mujeres con síndrome de congestión pélvica generalmente están en edad fértil, es decir, suelen tener menos de 45 años. Con cada embarazo las venas de los ovarios aumentan de tamaño por lo que el síndrome es poco común en las mujeres que nunca han estado embarazadas. El dolor pélvico crónico es la razón del 15% de las visitas a la consulta del ginecólogo.
Se han realizado estudios que demuestran que en el 30% de las pacientes con dolor pélvico crónico la única causa de este dolor es la presencia del síndrome de congestión pélvica (SCP); mientras que en otro 15% este dolor se debe a la asociación del SCP con otra patología pélvica.

Factores de riesgo

  • Dos o más embarazos e incrementos hormonales
  • Presencia de venas de gran tamaño en las piernas
  • Ovarios poliquísticos
  • Disfunciones hormonales

Diagnóstico


El diagnostico es sencillo y se realiza en base a los datos clínicos y en los hallazgos obtenidos en la ecografía, preferentemente transvaginal. El TAC y la resonancia magnética (RMN) son también pruebas de imagen que proporcionan un buen diagnóstico.
La venografía o relleno con contraste de las venas ováricas e hipogástricas son la prueba de oro para el diagnóstico de varices pélvicas: se suele realizar previo al tratamiento.

Tratamiento


Actualmente los tratamientos más utilizados son el tratamiento farmacológico con sulfato de metroxyprogesterona que puede aliviar el dolor pelviano y sobre todo la embolización de las varices venosas pelvianas con una tasa de éxito entre el 95-100% de los casos. Esta técnica fue introducida por el Dr. Joe Edwards en el año 1993 y generalmente se realiza en transcurso del diagnóstico flebográfico.

¿Cómo se realiza la embolización de las varices?


Se realiza una mínima incisión en una vena del brazo o de la ingle y con un tubo o catéter se llega a las venas que salen de los ovarios (venas ováricas) y de los órganos de la pelvis (útero, vagina, etc.) (venas hipogástricas).
Una vez confirmado el diagnóstico se cierran mediante unas pequeñas espirales de metal (nitinol). A veces se puede complementar la oclusión añadiendo substancias esclerosantes derivadas del alcohol.
La intervención se realiza con anestesia local, aunque a veces a requerimiento del paciente se pueden administrar drogas analgésicas, sedantes, etc. La intervención puede durar entre 1 o 2 horas.

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Publicado por DRA. MARNET. Última actualización: 16 de enero de 2014 a las 12:35 por DRA. MARNET.
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