¿Resfriados contra el tumor cerebral?

José Bautista - 21 de marzo de 2018 - 21:28
¿Resfriados contra el tumor cerebral?
Un estudio ha demostrado que el virus del constipado ayuda a destruir células cancerígenas en el cerebro.

(CCM Salud) — El virus responsable de los resfriados podría ser un aliado eficaz y determinante para eliminar los tumores cerebrales, según ha revelado una investigación de la Universidad de Texas (Estados Unidos).


Los tumores malignos en el cerebro están clasificados entre los más peligrosos y mortíferos para el ser humano. Además, variantes de estos tumores como el glioblastoma se encuentran ampliamente extendidas y afectan a 10 de cada 100.000 personas. Sin embargo, este hallazgo podría suponer un cambio radical en los tratamientos actuales para combatir esta enfermedad.

Los científicos del centro oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas (en inglés) modificaron el virus del resfriado común hasta obtener una variedad bautizada como Delta 24 y descubrieron que este virus es capaz de distinguir entre tumores malignos y benignos, atacando solo a los primeros. Según Juan Fueyo, uno de los responsables de la investigación, "el Delta 24 puede distinguir si una célula es cancerosa o normal".

En muchos casos es posible destruir hasta el 99 % de las células cancerígenas detectadas en el cerebro, pero el 1 % restante implica un elevado riesgo, ya que puede volver a reproducirse y extenderse. Los expertos señalan que el Delta 24 actúa con eficacia porque destruye directamente ese 1 % restante, reduciendo así el riesgo de reaparición del cáncer cerebral.

El estudio contó con la participación de 25 pacientes que tenían un tumor desde hace al menos cinco años. De esas 25 personas, con diagnósticos que indicaban una muerte segura, cuatro personas lograron sobrevivir tres años más de lo previsto.

Ahora los científicos tratan de combinar el uso del Delta 24 con otros métodos, entre ellos la radioterapia, la neurocirugía y la quimioterapia. Si este descubrimiento avanza y gana eficacia, los pacientes podrían evitar en el futuro las terapias habituales, que suponen graves deterioros en su calidad de vida y tienen un grave impacto sobre el cuerpo humano. Hoy en día los laboratorios tardan una media de siete años en aplicar sus tratamientos desde el momento en que descubren nuevos métodos, por lo que los autores de este estudio son optimistas, pero también prudentes acerca de su implicación a corto y medio plazo.

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