Los niños ante la separación de sus padres

Marzo 2017

  • Dado el elevado número de separaciones entre parejas que se producen hoy en día, son muchos los niños afectados por esta situación.
  • La situación de la separación de los padres ha dejado de ser excepcional para pasar a ser bastante habitual.
  • Además del shock emocional que supone para los padres una ruptura sentimental, éstos cargan además con el miedo de cómo toda esa situación repercutirá en sus hijos.
  • Es a partir de los 4 o 5 años cuando los niños son conscientes de que sus padres tienen problemas y cuando sufren el divorcio.

Antes de la separación

  • Los padres deben hablar e informar a los hijos antes de que se produzca la partida.
  • En esta conversación es mejor que estén presentes ambos padres a la vez.
  • Hay que insistirle al niño en que él no tiene la culpa de nada de lo que ha pasado.
  • El niño tiene que saber que esta decisión ya está tomada y que no hay vuelta atrás.
  • Determinar los días que estará con cada cónyuge.
  • Tener una cierta flexibilidad para favorecer la relación de ambos padres con el niño.
  • De común acuerdo con su ex-cónyuge decidan no utilizar a los hijos para presionar al otro bajo ninguna circunstancia, y respetar al cónyuge ausente en los comentarios y conversaciones.
  • No desprestigiar nunca al ex-cónyuge, puede destruir la imagen paterna o materna que son muy importantes para el niño.

Las consecuencias que sufre el hijo

  • Las consecuencias sobre el niño están relacionadas:
    • con las desaveniencias familiares previas y asociadas a la separación.
    • con el papel que hacen jugar al niño en la separación más que con la propia separación.
    • con la edad y la madurez del propio niño.
  • Es importante permitir a los niños manifestar sus sentimientos de rabia y frustración, acogerlos y no juzgarlos.
  • A veces es necesaria la ayuda de un profesional.
  • Nunca, bajo ningún concepto, los hijos deben sentirse responsables de la ruptura.

La primera reacción de los hijos: el desconcierto

  • Han conocido a sus padres siempre juntos y no pueden darse cuenta de los problemas que provoca el hecho de que ahora comiencen a ver menos a su padre o a su madre.
  • El niño, además, suele ser víctima de crisis nerviosas o depresivas si la tensión entre los cónyuges se traslada a los otros miembros de la casa por discusiones o enfrentamientos violentos.
  • Poco después, los niños suelen negarse a admitir lo que ya es un hecho.
  • Insisten en la reconciliación de los padres o protestan cada día porque no pueden ven al progenitor que se ha ido de casa.
  • Este periodo puede ser más o menos largo dependiendo de la manera que se ha producido el divorcio.
  • Los padres deben explicar y hablar al niño lo máximo posible para que la situación sea lo menos dolorosa posible.

Evitar que el niño esté presente en las discusiones

  • Es necesario excluir al niño de la tensión que se genera a causa de la separación.
  • Se le puede explicar, dependiendo de su edad, que existen graves diferencias entre los padres.
  • El niño nunca debe presenciar gritos, insultos ni discusiones violentas: si éstas se producen, no debe ser delante de los hijos.
  • Si el motivo de la discordia es su educación, algo que han hecho mal o su custodia tras el divorcio, las medidas de precaución deben ser extremas.

Siempre que sea posible, la separación debe ser amigable

  • Estudios realizados en Estados Unidos y la Unión Europea han demostrado que el niño sufre mucho más en situaciones en que los padres son infelices juntos que posteriormente, cuando vive sólo con uno de los dos.
  • Los niños quieren sentir que sus padres son felices, incluso aunque sea con una nueva pareja: lo contrario les provoca mucho malestar.
  • Mantener en lo posible los vínculos afectivos con abuelos, primos, tíos, etc.de ambas partes.
  • El niño debe disponer de un espacio propio y estable, tanto en su casa como en la nueva casa del progenitor que se ha marchado.
  • Los amigos y las rutinas diarias deben verse alteradas lo mínimo posible (mismo colegio, horarios, actividades, etc.).

¿Cómo fortalecer la relación con el progenitor que no se convive?

  • El contacto debe ser lo más frecuente posible a través del teléfono, las cartas, los e-mails, etc.
  • Los encuentros deben enriquecedores, es decir, que se disfruten por ambas partes, que el niño esté bien, tranquilo y que se sienta acompañado.
  • Es importante que el niño pueda hablar de su escuela, de sus notas, de algún paseo, de sus amigos, de su casa, etc.
  • Es saludable que el niño conozca cómo es la vida diaria de su papá o mamá (es decir, de aquél que no vive con él) : que sepa sobre su trabajo, que conozca el lugar donde vive, con quién vive, etc. esto le disminuirá el nivel de ansiedad.

La escuela o colegio

  • Es un lugar muy importante en la vida del niño.
  • Se debe comportir con él lo máximo posible todo lo relacionado con el colegio: irlo a buscar de cuando en cuando, conversar y reunirse con los profesores, participar de las reuniones de padres, fiestas y actividades especiales.
  • Hay que supervisar los cuadernos, facilitarle el material para sus tareas, etc.

¿Es normal que el hijo esté triste o tenga cambios de conducta por la separación?

  • En la primera etapa de la separación los niños pueden presentar trastornos de sueño o sientan miedo al abandono de ambos padres.
  • Es frecuentes que estén más irritables de lo normal.
  • Pueden aparecer también conductas de tipo regresivo (por ejemplo hacerse pípí cuando ya no se lo hacían, volver a usar pañales) o que aparezcan síntomas psicosomáticos (dolor de cabeza, dolor abdominal...) que expresan el malestar secundario a la separación de sus padres.
  • Pueden mostrarse más retraídos o agresivos, ansiosos o angustiados.
  • El llanto puede ser frecuente: puede tranquilizarlos, es necesario acompañarlos y favorecer que expresen el dolor que sienten.
  • Hasta que no aceptan que volver a juntar a sus padres es imposible pueden mostrarse tristes e infelices.
  • Pueden aparecer situaciones de "chantage emocional" cuando uno de los dos padres los regaña: es importante no caer en ese "juego" del niño.
  • Pueden aparecer también transtornos del sueño, la alimentación o el rendimiento escolar.

Cuando consultar con un profesional

Cuando detectemos:
  • cambios muy importantes de conducta.
  • excesiva tristeza.
  • falta de interés en las atividades diarias del niño.
  • otros síntomas que nos llamen poderosamente la atención.

El papel de los mediadores

  • Cuando la separación no es amistosa, se puede acudir a un servicio de mediación familiar o a los tribunales de justicia.
  • Siempre que sea posible hay que procurar judicializar lo mínimo la vida del niño.
  • Intentar que los hijos no se utilicen como un elemento de chantaje emocional que puede provocar largas y estresantes peritaciones y la asistencia a juicios.

Evitar los desacuerdos

  • No manifestar los desacuerdos de pareja delante del niño.
  • Hablar e intentar llegar a acuerdos en las decisiones importantes (por ejemplo los castigos, el tiempo de TV, lo que se le compra, etc.).
  • No predisponer en contra del otro progenitor y transmitir ideas positivas del mismo, sin mentir.

Los regalos y las concesiones excesivas

  • En algunos casos se intenta compensar el estrés que produce la separación en el niño con regalos y concesiones que, normalmente, no se harían.
  • Hay que evitar ese exceso de permisividad y actuar siempre de común acuerdo con el otro progenitor.
  • Esto evita entrar en el juego afectivo del niño ("mamá/papá sí me lo compra y tú no me lo compras porque me quieres menos").

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Publicado por DRA. MARNET.
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