Las causas de un embarazo de alto riesgo son muy variadas. Algunos están presentes antes de que la mujer quede embarazada, mientras que otros se desarrollan durante la gestación. Es importante identificarlos precozmente (idealmente antes de que se produzca la concepción) para valorar su importancia y disminuir sus consecuencias. Estos factores de riesgo aumentan tanto la incidencia de complicaciones durante el embarazo, como el riesgo de que la situación se repita en gestaciones posteriores. Hay tres grandes grupos de factores de riesgo o causas del embarazo de alto riesgo tal como veremos a continuación.
Son aquellos que no necesariamente provocarán un embarazo de alto riesgo pero representan un riesgo añadido. Entre ellos encontramos ciertos antecedentes sociales (mujeres menores de 15 años y mayores de 40 años, mujeres muy delgadas con un IMC menor de 17, mujeres con sobrepeso con un IMC mayor de 35, mujeres con una talla excesivamente baja (menos de 150cm), que la paciente viva lejos del Centro de salud, un embarazo no controlado o con mal seguimiento o que la madre tenga adicciones (alcohol, tabaco, drogas).
También son factores modificadores los antecedentes obstétricos previos desfavorables como los abortos de repetición (más de tres), las pérdidas fetales en embarazos previos, las malformaciones o las anomalías congénitas del feto, el crecimiento intrauterino retardado y el parto prematuro.
Las enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, los problemas de corazón, las alteraciones del metabolismo (diabetes, hipotiroidismo o hipertiroidismo, obesidad), trastornos de la coagulación sanguínea, enfermedades del riñón, enfermedades inmunitarias, trastornos mentales, cáncer, trasplantes de órganos, enfermedades de transmisión sexual y otras infecciones, enfermedades endémicas (propias de algunas etnias) o las anomalías del aparato reproductor.
La preeclampsia y eclampsia, las gestaciones múltiples gemelares monocoriales (una única placenta para dos hermanos), la placenta previa, la ruptura prematura de la bolsa amniótica, la amenaza de parto prematuro, la diabetes gestacional mal controlada, el retraso en el crecimiento fetal, la colestasis gravídica, las malformaciones fetales, las alteraciones del líquido amniótico (tanto por falta – oligoamnios, como por exceso – polihidramnios), las infecciones materno-fetales durante el embarazo o la incompatibilidad de los grupos sanguíneos madre-bebé.