La parálisis facial se traduce por una pérdida parcial o total de la motricidad de una parte de la cara. Este fenómeno está ligado a una lesión del nervio facial que asegura la motricidad de los músculos de la cara. Existen dos tipos de parálisis faciales: la parálisis periférica y la parálisis central, dependiendo de la localización de la lesión del nervio. La parálisis facial central está causada por lesiones cerebrales, como por ejemplo un accidente vascular cerebral, un traumatismo o un tumor cerebral. En la parálisis facial periférica las lesiones pueden incluir una infección, una enfermedad inflamatoria, como esclerosis múltiple, un traumatismo, o una compresión en las terminaciones nerviosas por un tumor. En algunos casos, no se encuentra la causa: la llamamos, en estos casos, una parálisis facial idiopática o frigore, cuya recuperación suele ser completa en unas semanas.
Los síntomas de la parálisis facial idiopática son:
En caso de parálisis facial central, sólo la mitad inferior de la cara se ve afectada. En cambio, el conjunto de la cara se paraliza en caso de lesión periférica sobre el trayecto del nervio. Podemos hacer la distinción entre estos dos orígenes haciendole cerrar los ojos al paciente: en el ataque periférico, el ojo no se cierra completamente en el lado afectado.
El diagnóstico de la parálisis facial se hace mediante la observación del paciente. La dificultad surge en la distinción entre el origen central o periférico de la lesión, lo que conducirá a la realización de pruebas complementarias como técnicas de imágenes cerebrales u otras más específicas.
La parálisis facial requiere el tratamiento de su causa.