Cirrosis - Síntomas

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La cirrosis es una destrucción progresiva de las células del hígado con modificaciones en su estructura, en sus vasos y la aparición de nódulos en su interior. Esta degeneración es generalmente debida a un exceso de alcohol (es la causa de la cirrosis en el 80% de los casos), pero también puede ser secundaria a la intoxicación por drogas o por una hepatitis (enfermedad del hígado). En general cuando se debe a un excesivo consumo de alcohol se pasa primero por la etapa de la hepatitis alcohólica antes de desarrollarse la cirrosis.


Definición

La cirrosis es una enfermedad crónica, irreversible y difusa del hígado. Esta enfermedad afecta la función hepática y provoca la degeneración de los tejidos del hígado. En un cuadro de cirrosis, el hígado aumenta de tamaño, se endurece y toma un aspecto granuloso.


Por lo general, los síntomas de la cirrosis aparecen muy tarde (cuando el 80% de las células hepáticas ya han sido destruidas). En algunas ocasiones, la cirrosis es detectada con un examen biológico.

La cirrosis puede pasar desapercibida antes de la aparición de los primeros síntomas. Los primeros síntomas pueden ser: falta de apetito, naúseas, pérdida de peso.

Síntomas

En las primeras etapas, la cirrosis es asintomática. Sólo se puede detectar un ligero aumento en el tamaño del hígado o hepatomegalía. Más tarde, después de varios años, se detecta la cirrosis. Aparecen signos de insuficiencia hepática celular con reducción de sus funciones y signos de hipertensión portal y del aumento de la presión en los vasos:

Diagnóstico

Una serie de exámenes médicos permiten detectar la cirrosis hepática. Nos encontramos con:

La ecografía abdominal puede identificar los cambios en el hígado, pero es la punción biopsia hepática y la obtención de un pequeño trozo de hígado y su análisis los que van a confirmar el diagnóstico y estudiar sus causas. Otras pruebas se deben realizar para evaluar las posibles complicaciones de la cirrosis: una endoscopia del esófago para identificar las varices esofágicas, que pueden romperse y provocar hemorragias.

Tratamiento

Es esencial eliminar la causa de la cirrosis: no se debe consumir alcohol. En el tratamiento es necesario utilizar varios fármacos:

Las punciones también son posibles para evitar la acumulación de líquidos en el abdomen o ascitis. Se recomienda la vacunación contra la hepatitis A y B. En caso de que existan varices esofágicas con riesgo de ruptura la ligadura es posible. Es necesaria una estrecha vigilancia en el seguimiento. El riesgo principal es la aparición de un carcinoma hepatocelular.

Prevención

La prevención de la cirrosis se basa en la ausencia de consumo excesivo de alcohol. Tras el diagnóstico, la prevención de las complicaciones y el seguimiento son esenciales para prevenir su aparición o poder hace un diagnóstico con mayor rapidez.

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